Alberto Barciela. Periodista
El libro de viajes no nace en la estricta y mensurable geografía, sino en el abismo fértil del asombro. Cada volumen que hoy abrimos con el deliberado propósito de descubrir un territorio remoto es, en realidad, una derivación sutil de la propia autobiografía; una ventana providencial que nos permite escuchar el latido del mundo con una nitidez que el sedentarismo o la prisa de la cotidianidad urbana tercamente nos niegan. Quienes se adentran en las páginas de la literatura itinerante saben que no buscan mapas, sino revelaciones, itinerarios del espíritu que transmutan la experiencia física en un puente tendido hacia lo inefable, allí donde el papel impreso se diluye por completo para convertirse en camino vivo.

