Alberto Barciela. Periodista.
Antes de conocer el mundo, lo leímos. Antes de caminarlo, ya habíamos recorrido sus sendas, descifrando la urdimbre, esa palabra hermosa que nace del latín ordiri para tramar o tejer nuestra propia existencia. Fuimos porque otros soñaron antes. Navegamos con la Odisea y la Eneida, descendimos a los abismos con la Divina Comedia para aprender que siempre hay un camino hacia la luz, y dimos la vuelta al mundo de la mano de Julio Verne, antes de sumergirnos en el Nautilus con el Capitán Nemo en la Ría de Vigo en busca de los legendarios galeones de Rande. Habitamos la selva primigenia con Rudyard Kipling, sobrevivimos a la soledad con Robinson Crusoe y buscamos tesoros en las islas de Robert Louis Stevenson, cartografías que resultaron ser los mapas inexplorados de nosotros mismos.

