Alberto Barciela.
Estamos como ensimismados, solos con nuestras crisis personales y colectivas. El espejo refleja nítidas semejanzas en las necesidades, casi siempre urgentes en lo aparente. Somos seres iguales en distintas circunstancias o estares, que comparten momentos, a menudo insípidos o insustanciales, resultamos víctimas de un mundo global que nos aleja de lo próximo, de cuanto nos resulta propio y consustancial: la vecindad, la cultura, la tradición, lo local, lo asumible y comprensible.

