Alberto Barciela. Periodista.
Cien años han pasado desde el nacimiento de Ana María Matute, un alma que se cayó “de otra galaxia” y que nos dejó, como quien siembra semillas en la tierra, una constelación de mundos. Siento una conexión profunda con su obra. Porque, en el fondo, somos muchos los que vivimos de esa “antiquísima voz que se eleva desde lo más profundo de la primera historia contada”, la voz que ella escuchaba en el bosque. Esa es mi patria, y la de La de la autora referida, la de todos los que creemos que el mundo, al menos en cierto modo, hay que inventárselo.

